NUEVAS TECNOLOGÍAS Y EXCLUSIÓN: HAY VIDA MÁS ALLA DE INTERNET #Articulo

NUEVAS TECNOLOGÍAS Y EXCLUSIÓN: HAY VIDA MÁS ALLA DE INTERNET

Francisca Munuera Giner

Instituto de Servicios Sociales de la Región de Murcia (ISSORM)

francisca.munuera@carm.es

Nuevas formas de pobreza y exclusión social constituyen la cara negativa de una sociedad que defiende valores como la libertad, convivencia, tolerancia e igualdad de oportunida- des. Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación abren nuevas posibilida- des en la consecución de los mismos, pero a su vez pueden generar nuevas situaciones de exclusión derivadas del actual modelo de crecimiento económico que exige una gran flexi- bilidad de adaptación a una sociedad en permanente y vertiginoso cambio. Las personas y colectivos socialmente más desfavorecidos o aquellos otros que no dispongan de la forma- ción adecuada para ir integrando el uso de las nuevas tecnologías quedarán excluidas de los procesos de participación social. De todos dependerá, en parte, que los asumamos como «productos negativos» de la modernidad o que emprendamos actuaciones educativas que no se rijan solamente por parámetros económicos sino por parámetros de justicia social.

Palabras clave: Nuevas Tecnologías, pobreza, exclusión social, educación, igualdad,

New forms of poverty and social exclusion constitute the negative face of a society that defends values like the freedom, coexistence, tolerance and equality of opportunities. The new technologies of the information and the communication open new possibilities in the attainment of such, but they can as well generate new situations of exclusion derived from the present model of economic growth that demands a great flexibility of adaptation to a permanent society in vertiginous change. The socially more underprivileged people and groups or those others that do not have the suitable formation to be integrating the use of the new technologies will be excluded from the processes of social participation. On all it will depend, partly, that we assume them like «negative products» of modernity or which we undertake educative performances that are not only governed by economic parameters but by parameters of social justice.

Keywords: New technlogies, social precarity, social exclusion, education, equality.

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1. Introducción.

«La transición tecnológica y organizativa al nuevo modelo de crecimiento económico creará
sin duda fuertes tensiones sociales, que pueden traducirse en costes humanos elevados y en la marginación de algunos sectores de la sociedad, lo que en último término, también repercutirá en la estabilidad social y política y en la calidad de vida, socavando el dinamismo del nuevo desarrollo»
(M Castells)

Inmersos en la era de las comunicaciones, de las tecnologías que han hecho posible la construcción del sueño de McLuhan, pode- mos constatar la existencia de una realidad, cuanto menos, contradictoria: la incomunica- ción y el aislamiento en que viven numerosas personas y familias. Si somos capaces de aso- marnos a través de cualquier ventana de esta «aldea global», para algo más que para «ver pasar al vecino», nos encontramos con per- sonas que viven aisladas, personas que no participan de los mecanismos habituales de convivencia, personas que parecen no tener incidencia alguna en la vida cultural y social de su entorno más próximo, personas inmersas en la pobreza, personas excluidas.

Formas diversas de pobreza y exclusión so- cial, constituyen la cara negativa de una so- ciedad moderna que se ha venido denominan- do «Sociedad del Bienestar». El amplio desa- rrollo de la producción de bienes y servicios y la expansión del consumo, contrastan con la evidencia de numerosas personas y fami- lias que no pueden participar en esa produc- ción por encontrarse en situación de desem- pleo- tanto por no disponer de la formación adecuada para los mismos, como por pertene- cer a colectivos ya marcados por las dificulta- des – ni, por ende, en el consumo, careciendo

de lo más básico para su supervivencia, o para equipararse a los niveles de lo que hoy consideramos «calidad de vida».

Estas nuevas formas de pobreza y exclu- sión social pueden producir perplejidad a quie- nes se sienten instalados en la seguridad de esta sociedad de consumo, pueden «no exis- tir» en el mundo de quienes permanecen y viven «atrapados en la red», en el mundo de aquellos que son incapaces de concebir que coexisten elementos que condenan a amplios sectores de la población a la penuria y el asilamiento, en el mundo de aquellos que creen que no hay vida más allá de Internet, porque además, casi siempre nos «reconfortamos»pensando que «los pobres están en le pueblo de al lado, y no en el mío». (Estevill, 1997,p.4)

Además, el actual modelo de crecimiento económico exige una gran flexibilidad para poder adaptarse a una economía y a una so- ciedad en permanente cambio, generando pro- blemas a una parte de la población, que como decíamos anteriormente, por sus característi- cas o por su falta de formación acaba siendo expulsada del mercado de trabajo, personas vulnerables o no, que caen en procesos de desafiliación (Castel, 2004) que les conducen a la no integración (ni laboral ni económica) , a la no inserción (ni sociofamiliar ni relacional.)

Los excluidos ya no sólo son los grupos o colectivos considerados históricamente mar- ginales porque en ellos concurran una serie de circunstancias que podríamos denominar de pobreza social (droga, alcohol, problemas con la justicia, acumulación de problemas va- rios, etc) sino también todas aquellas perso- nas a las que las nuevas exigencias de la so- ciedad, la necesidad de formación para uso de nuevas técnicas y /o tecnologías, la extre- mada competitividad, los niveles de exigencia en los entornos laborales, las desgracias per- sonales, etc., dejan en situación de vulnerabi- lidad, convirtiéndose en «normales inútiles»

(Castel, 2004, citando a Donzelot, 1991)…………………. Y, el que esté libre de poder llegar a ser, cuanto menos, un «normal inútil» que tire la primera piedra.

2. Tecnología y valores. Información y comu- nicación.

«Un día en que surgió el tema del progreso moderno, él
refirió lo que le había ocurrido con dos visitantes procedentes
de un país desarrollado. Cuando él les preguntó acerca de la situación económica de su país, uno de ellos se mostró ofendido: «!Hombre…! ¡El nuestro es un país civilizado! ¡Incluso tenemos unas cuantas fábricas de armamento!» (Anthony de Mello)

En los muchos y diversos foros donde se ha venido hablando de la introducción de las nuevas tecnologías en la educación siempre se encuentran referencias y debates abiertos con relación a la forma en que éstas se deben emplear. Son menos los enfoques que anali- zan con profundidad el rol que pueden o de- ben cumplir en la integración de los distintos estratos sociales en cuanto a igualdad de opor- tunidades y posibilidades educativas, cuan- do en los albores del siglo XXI casi nadie se atrevería a dudar que la educación se erige en instrumento determinante tanto para prevenir situaciones de pobreza y exclusión como para ayudar a salir de esa situación, pues «el nivel educativo es el factor más directamente re- lacionado con la pobreza»(CES, 1997, p.87)

La tecnología ha ido irrumpiendo paulati- namente en la vida cotidiana de todos noso- tros, se ha ido aceptando plenamente, ha ido mimetizándose con las ideas y valores domi- nantes en la sociedad actual: competitividad, eficiencia, eficacia. Se ha convertido en un

Pixel-Bit. Revista de Medios y Educación

importante elemento de cambio social a la vez que ha ido influyendo directamente en nues- tros hábitos de comportamiento y en nuestra forma de pensar, en un proceso de realimentación mutua (Velázquez, 2002), pero donde los valores se confunden, con dema- siada frecuencia con intereses políticos, reli- giosos, económicos, empresariales, perdien- do así su carácter netamente instrumental y configurándose como un valor en sí misma. Se transforma en una forma de concebir el mundo, en una forma de pensar, en una repre- sentación colectiva que se acepta sin más y que todos admitimos, consciente o incons- cientemente, como algo positivo, deseable, si bien no todo lo tecnológicamente posible es necesariamente bueno y deseable.

Así se crean unos nuevos parámetros de valoración social, de valoración en definitiva, de las personas y de su lugar de «poder» e influencia en la sociedad: el que tiene ordena- dor y el que no lo tiene , el que tiene conexión a la red y el que no la tiene, «los conectados y los desconectados» (Castells, 1997). Poco importa, en principio, el cómo y para qué la usa el que la tiene, «en una cultura cuya meta suprema es tener cada vez más (…) parece que la misma esencia de ser consiste en te- ner; y si el individuo no tiene nada, no es nadie» (Fromm, 1978, p.33)

Las tecnologías de la información y de la comunicación se han convertido en podero- sos instrumentos sociales cargados de valo- res, quizás sin plantearnos que la atribución de un «rol» a la tecnología no es algo que dependa de ella misma, sino de cómo se la emplea, para qué fin, qué se desea obtener. Aunque es claramente evidente, que los va- lores que inspiraron el iluminismo, igualdad, libertad, fraternidad, han sido sustituidos por los de eficacia, rendimiento, productividad, calidad, eficiencia , presentados como la úni- ca forma de resolver problemas, los valores atribuibles a la tecnología nos deberían llevar a la construcción de una sociedad más inclusiva e igualitaria y no que se conviertan en «un nuevo factor de desigualdad social, debido a que las mismas están empezando a provocar una mayor separación y distancia cultural entre aquellos sectores de la pobla- ción que tienen acceso a las mismas y quie- nes no» (Area Moreira, 2001, p.127)

Internet, en definitiva no es más que un modo de organizar y protocolizar una forma específica de interacción efectuada mediante la utilización de sistemas informáticos, y por tanto debemos plantearnos qué significa para los que tiene acceso, para los que la conocen y la usan, e igualmente qué significado tiene para el resto. El auténtico valor en la cons- trucción de la Sociedad del Conocimiento im- plica la participación y la suma de las capaci- dades y potencialidades de todos los miem- bros de la comunidad y en ella estamos to- dos: los integrados, los vulnerables y los ex- cluidos; el matiz está en que quizás estamos construyendo una sociedad de la información y no tanto del conocimiento (Bolívar, 2003), mientras que «la propuesta que se nos abre es la de que percibamos las tecnologías no como instrumentos técnicos, sino como ins- trumentos culturales, de la mente y formativos» (Cabero, 2004, p.15)

Resulta reconfortante, para los que cree- mos en la igualdad o la justicia , pensar que la técnica inevitablemente ayudará a reducir des- igualdades. Si bien esta idea no deja de ser en parte cierta , podemos observar muchas en el acceso y uso de la misma, desigualda- des que, en parte, son la continuación de des- igualdades sociales preexistentes. Hoy en día, en una sociedad basada en la información, la distribución no homogénea de Internet con- tribuye a ampliar las desigualdades sociales y económicas existentes, mostrándonos una distribución asimétrica entre individuos, co- munidades, países, continentes. Pero ya no solo entre quien posee la capacidad y los

medios para obtener el software y utilizarlo sino entre quienes tienen o no el conocimien- to y las capacidades para usarlo de forma co- rrecta, «Navegar, o quasi-naufragar es fácil, pero acceder a la información que uno nece- sita requiere de ciertas destrezas» (Salinas, 2003, p.160). La «capacidad» de Internet para ampliar las posibilidades de comunicación entre las personas está generando innumera- bles situaciones de incomunicación, debidas, en parte, a la confusión entre información y comunicación. Es muy habitual encontrarnos adolescentes y niños conectados al ordena- dor con el que establecen una relación basa- da en la información que soluciona aquellas necesidades de respuesta que constituía una de las bases de la relación entre generacio- nes, mientras cada vez se habla más de poca comunicación en los núcleos familiares, de dificultades en la comunicación entre padres e hijos, etc. , además «el estar conectado no significa que uno se encuentre dentro de lo colectivo o que participe de sus reglas y nor- mas, al mismo tiempo se está creando un mun- do de soledades conectadas y un discurso ideo- lógico oficial en la red» (Cabero, 2004, p.17)

La información puede transformarse en factor de incomprensión y hasta de odio, ya que no es suficiente para crear comunicación, sucede incluso lo contrario: hace visible las di- ferencias culturales y las desigualdades, obligándonos a un gigantesco esfuerzo de com- prensión hacia lo diferente (diferentes cultu- ras, diferentes puntos de vista, diferentes for- mas de organización social…)

El mundo puede ser una aldea global en el plano técnico pero no lo es en el plano social, cultural y político, en el plano de los valores. Las distancias, probablemente, han dejado de ser físicas y se convierten en distancias culturales; las técnicas son las mismas pero los hombres de un extremo a otro del planeta no se interesan por las mismas cosas, ni usan igualmente la información. Además cuanto más eficientes son las herramientas, menos controlable es la comunicación. Lo esencial nun- ca estará del lado de la técnica sino de los valores y modelos culturales que se transmiten, ¿o acaso las mentes que prepararon los atentados del 11S ó el 11M no utilizan la mis- ma técnica que cualquier organización de vo- luntarios para hacer su campaña de solidari- dad?, «(…) estas redes lo hemos visto- pue- den ser utilizadas tanto por los regímenes democráticos como por los poderes despóticos» (Wolton 2004, p.67)

El mito de la sociedad de la información lle- va veinte años confundiendo la mundialización de los sistemas de información con la comunicación universal y a medida que la red se va extendiendo, numerosas perso- nas, numerosas culturas pueden no recono- cerse en ese modelo cognitivo, lo que pone de manifiesto que el aumento de información no acerca, necesariamente, los puntos de vis- ta y las culturas, sino que puede incluso ser al contrario, «el mundo es finito, pero la diver- sidad de puntos de vista sobre él es infinita» (Wolton, 2004).

Referencias:

Munuera Giner, F. (2005). Nuevas tecnologias y exclusion: hay vida mas alla de internet. Pixel-Bit, Revista De Medios Y Educacion, (26), 69.

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