El control de vocabulario en la era digital #SegundaParte

¿Desde cuándo se habla de control de vocabulario en el ámbito de la Organización del Conocimiento? No hay para esta pregunta una respuesta precisa y ajustada. No obstante, es posible aseverar que casi seguramente el término fue extrapolado desde el área del vocabulario básico para el aprendizaje y el estudio de las lenguas hacia la Bibliotecología y la Ciencia de la Información.

En efecto, hacia 1930 el lingüista y filósofo Charles Kay Ogden, publicó un corpus de vocabulario del inglés que incluía unas 850 palabras, al que dio en llamar Basic English (Ogden, 1930). Con este corpus pretendía favorecer la enseñanza de ese idioma como segunda lengua, reduciendo al mínimo el vocabulario necesario para comunicarse.

La obra de Ogden, luego asociado con I. A. Richards, fue criticada por considerarse que la lista era insuficiente, no siempre pertinente, y sin el sustento de una visión de conjunto de la lengua. En parte como reacción al Basic English surgió el Movimiento del Vocabulario Controlado (Vocabulary Control Movement), el cual de la mano de Harold Palmer y Michael West generó alternativas fundamentales y precursoras de los diccionarios de aprendizaje de una lengua y de las listas de palabras altamente estructuradas (Palmer, 1938; West, 1953; Cowie, 1999). Palmer utiliza inclusive la expresión vocabulary control en el título de uno de sus trabajos publicado en dos entregas (Palmer, 1936a; Palmer, 1936).

Este movimiento aportó un nuevo método que “intentó buscar criterios válidos para la selección de vocabulario con la finalidad de simplificar los textos utilizados en la enseñanza de la lectura en lengua extranjera” (Esteban García, 2007, p. 172), dando primacía al criterio de frecuencia de las palabras en la lengua. En forma paralela, hubo ya en la literatura de la Bibliotecología y la Ciencia de la Información en la década de los 40, varias aproximaciones a la utilización de la palabra “control” en forma aislada, pero expresiva.

Puede interpretarse que la palabra “control” se enmarca en cuestiones generales de planificación, gestión y administración, y que por lo tanto guarda relación con procedimientos racionales organizados que pretenden ser efectivos en el manejo de un segmento de la realidad. Controlar implicar incidir desde una posición de gobierno, dominio o conocimiento, sobre la naturaleza o sobre determinados procesos biológicos o de la vida en sociedad, para alcanzar una correcta fiscalización, el desarrollo de políticas dirigidas a la obtención de resultados previstos, o una gestión orientada a la excelencia. De allí que en diferentes ámbitos se hable de “control de natalidad”, “control en la venta de psicofármacos”, “controles sanitarios” o “control de calidad.”

 En el mismo amanecer de la década de 1950 comienza a aparecer de forma titubeante en distintos artículos, junto con la palabra control el término vocabulary control. Salvo mejor prueba, la primera cita hallada por este autor, aparece en el primer número de la revista American Documentation, en un informe de un Comité sobre Organización de la Información (Ball, 1950).

Queda por descubrir el eslabón perdido que permitió que el término pasara del ámbito de la enseñanza del inglés como una segunda lengua, al de la Bibliotecología y Ciencia de la Información. La conexión será descubierta pronto porque como enseña Hulme a través de su principio de garantía literaria, toda la expresión del conocimiento humano se expresa en la documentación, y por tanto solo falta dar con los documentos que hagan visible ese nexo todavía no encontrado.

El mismo Comité, pocos meses después, utiliza en una reseña bibliográfica la expresión controlled vocabulary, lo que demuestra que por esa época ambos términos (vocabulario controlado y control de vocabulario), adquirían formalización y carta de ciudadanía en el área (Comitte on Organization of Infomation, 1950). El abstract de un documento del año 1961, tomado también de la revista American Documentation, ofrece en su breve contenido una constelación de términos derivados o relacionados que contienen, todos ellos, la palabra control: vocabulary treatment and controls, syntactical control techniques, controls for providing automatic indexing or search (Costello Jr., 1961). Este ejemplo tomado al azar, da cuenta del fuerte vínculo que se había establecido ya entre la herramienta racionalizadora y normalizadora del control y los procesos de almacenamiento y recuperación de información.

El uso del término se fue expandiendo luego en otras direcciones dentro del área, y así fue posible dar con expresiones tales como “control de búsqueda”, “control de autoridades” o “control bibliográfico universal”, que siguen vigentes y generan espacios de desarrollo para la investigación y el trabajo profesional.

En lo que hace a la Organización del Conocimiento, la palabra “control” siguió siendo utilizada en los últimos cincuenta años en dos direcciones principales:

  • por un lado, vinculada a los procesos de normalización de la forma gráfica de los términos de indización y de las relaciones establecidas entre ellos, genéricamente denominados como procesos u operaciones de “control de vocabulario”;
  • (b) por otro lado, asociada a la identificación de los repertorios surgidos de esos procesos, que comenzaron a denominarse “listas controladas”, “índices controlados”, “lenguajes controlados” y finalmente “vocabularios controlados”, expresión esta última, que parece haberse establecido de modo definitivo en la terminología del área, sin perjuicio de la aparición esporádica de las otras expresiones.

Objetivos del control de vocabulario A partir del la revisión de literatura y del análisis comparado de los estándares de mayor prestigio en el mundo (British Standards Institution, 2005; National Information Standards Organization, 2010; International Standard Organization, 2011), puede afirmarse que el control de vocabulario cumple con cinco objetivos diferentes y complementarios:

  • Restricción. El control de vocabulario establece límites en cuatro direcciones, a saber:
    1. La cantidad de términos a ser incluidos en un vocabulario controlado. En esta dirección se pretende dar la mayor cobertura posible de un área del conocimiento con la menor cantidad de términos significativos. Algunos factores inciden para que esta restricción se atenúe o se excluya: la vocación de recopilación exhaustiva de la terminología de un campo temático, la necesidad de indizaciones específicas y muy específicas, y la dimensión del área que se está controlando, entre otros elementos a considerar.
    2. La extensión de cada término. Un término de indización no debería sobrepasar las tres palabras, salvo excepciones. La extensión de un descriptor afecta siempre en alguna medida el acceso y recuperación de un documento. “Por regla general, cuanto mayor es el número de palabras que compone un descriptor, mayores son las posibilidades de que en entornos electrónicos, se pueda recuperar información con ruido” (entendido como conjunto de documentos, referencias o recursos de información que resultan ser no pertinentes o no relevantes a la búsqueda, al momento de la recuperación), “o de fuga de datos (pérdida o invisibilidad de información pertinente a una demanda y que no es recuperada a partir de las claves temáticas del usuario demandante)” (Simón et al., 2013, p. 5).
    3. El alcance conceptual de cada término. Se tiende a asignar a cada uno un solo significado, en cumplimiento del principio de univocidad (un término un significado, y viceversa). Como establece un criterio tradicional en la materia “el alcance de los términos se restringe deliberadamente de acuerdo con significados seleccionados” (International Standard Organization, 2011, p. 16). Se agrega en esa fuente que “a diferencia de los términos de un diccionario, que pueden estar acompañados de un número de definiciones diferentes que reflejan el uso común, cada término de un tesauro generalmente está restringido al único significado que satisface más efectivamente las necesidades de un sistema de información.” (International Standard Organization, 2011, p. 16).
    4. La cantidad de relaciones que se establece entre un término y otros afines. En los vocabularios controlados se trata de limitar las relaciones a un número suficiente para establecer al menos los vínculos paradigmáticos entre diferentes conceptos. Por otra parte, dentro del número de relaciones, se aspira a un equilibrio entre sus distintos tipos (jerárquicas, enumerativas, asociativas), a través del cual se brinde una idea aproximada del término en la estructura conceptual de referencia. Desde este punto de vista, el control de vocabulario opera como una expresión de economía lingüística.
  • Desambiguación. La homonimia y la polisemia, las variantes, las sinonimias y/o cuasi sinonimias son manifestaciones habituales de la ambigüedad del lenguaje, provocando dudas, solapamientos y confusiones en torno al significado de los términos propios de una disciplina.

Ya se ha mencionado que las ambigüedades provocadas por las formas sinonímicas y las variantes se esclarecen a través de relaciones de equivalencia. Según Bakhtin (Bakhtin apud Cintra et al., 2002, p. 67-68)

Conclusiones:

El control de vocabulario permanece como herramienta intelectual para organizar y estructurar listas de términos destinados a la representación del conocimiento a través de formas o códigos de clasificación normalizados. Permite una aproximación racional y estructurada al conocimiento a través de los sistemas de organización del conocimiento tradicionales, al tiempo que ofrece una perspectiva de usuario, favoreciendo la recuperación temática en sistemas de información, y reduciendo la ambigüedad propia del lenguaje natural. Proporciona consistencia en la descripción temática de recursos de información, aumenta la eficiencia de las herramientas de búsqueda, y la efectividad de los  sistemas de almacenamiento y recuperación de información, los sistemas de navegación en Internet y otros entornos. Hay un reconocimiento implícito de su vigencia en la continuidad de los estudios universitarios, la investigación y la producción de estándares a su respecto.

La apelación constante de las personas al uso del lenguaje natural cuando buscan información en entornos digitales, y el desarrollo de sistemas de organización del conocimiento construidos desde novedosas perspectivas, tales como las folksonomías y las ontologías, no han provocado una debilitación del potencial ni de la eficiencia de los vocabularios controlados. Por el contrario, es perceptible en la organización interna de taxonomías web, sitios web institucionales y portales temáticos, la preocupación por encajar los contenidos en moldes formales que aplican herramientas de normalización y de presentación de datos muy cercanos a los mecanismos tradicionales de control de vocabulario.

La investigación relativa a esta temática se ha dado en general como apoyo al desarrollo de estándares. Por ello, se hace sentir en la literatura la necesidad de orientar nuevos estudios hacia la incidencia y el aporte que el control de vocabulario puede tener y realizar para el mejor desarrollo de una cultura digital sostenida en grandes bancos y almacenes de información, y en una utilización habitual del lenguaje natural para la búsqueda y el apoyo de ayudas semicontroladas para la orientación. Así como la expresión “control de vocabulario” surgió en el ámbito de la enseñanza del inglés como una segunda lengua, quizás haría justicia a su origen pensar hoy que su contribución teórica, de métodos y aplicaciones puede ayudar a organizar la gran antibabel que representa Internet, en tanto lengua común de una cultura digital creciente en la que todos somos, sin embargo y a la vez, tanto ciudadanos como extranjeros.

Referencias:

BARITÉ, M. (2014). El control de vocabulario en la era digital: revisión conceptual. Scire20(1), 99-108.

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